Spallanzani
Un caso notable de experimentación inteligente en biología fue el de Lázaro Spallanzani, quien llevó a cabo numerosos experimentos con el objeto de zanjar algunas de las más resonantes controversias científicas de su época, entre ellas la de la ‘generación espontánea’ y las diversas querellas relativas a los mecanismos de la reproducción humana y animal. En relación con esto último, Harvey había pensado que la fecundación animal no requiere del contacto de los óvulos con el líquido seminal, sino que basta que sean alcanzados por un vapor seminal (‘aura spermatica’) emanado del líquido. Varios otros sabios, además, habían estado de acuerdo con Harvey. Spallanzani intentó dirimir esta cuestión mediante un experimento ingenioso y muy recordado en la historia de la biología. Utilizó dos cristales de reloj, en uno de los cuales puso varios huevecillos de rana que quedaron adheridos a su superficie debido a la gelatina que los mantiene unidos de forma natural. En otro cristal (debajo) colocó líquido seminal. Luego, gracias a un dispositivo que ideó, pudo acercar ambos cristales a una distancia muy pequeña y dejarlos allí el tiempo que fuera necesario. En estas condiciones, si la hipótesis del aura spermatica fuera cierta, se debería poder fecundar los huevecillos, dado que el vapor sin duda llegaría a ellos y no había ninguna otra variable que impidiera la fecundación (como Spallanzani en otra oportunidad corroboró, al impregnar los huevecillos con líquido seminal en idénticas circunstancias y lograr la fecundación de los mismos). Sin embargo, ninguno de los huevecillos del cristal fue fecundado - exactamente lo que cabía esperar si el contacto con el líquido es imprescindible.
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